Cada persona que llega a Raíz De Luna trae consigo una historia única. Aquí compartimos algunas de esas historias, contadas por quienes las vivieron. Son testimonios de transformación, de pequeños y grandes logros, de vidas que encontraron un nuevo ritmo.
Después de tres meses en el programa Ritmo Vital, puedo subir las escaleras de mi edificio sin sentir que el corazón se me sale del pecho. El fin de semana pasado jugué con mis nietos en el parque por dos horas seguidas. Mi hija me grabó un video corriendo detrás de ellos y cuando lo vi no podía creerlo. Era yo, pero parecía otro. No recordaba lo que era sentirme así de vivo.
Llegué a Raíz De Luna sintiéndome como un reloj viejo que ya no marcaba bien la hora. Tres meses después, es como si me hubieran dado cuerda nueva. Ahora camino todas las mañanas por el parque cerca de mi casa, algo que antes me parecía imposible. Mi nieta dice que hasta mi cara se ve diferente, más tranquila. Y tiene razón: por dentro me siento en paz por primera vez en años.
Trabajo en oficina y terminaba cada día con las piernas tan hinchadas que tenía que quitarme los zapatos en el carro para manejar a casa. Después de Flujo Sereno, ya no me pasa. Incluso empecé a usar de nuevo esos zapatos de tacón que había guardado porque me apretaban. Los ejercicios que aprendí los hago en mi escritorio y nadie se da cuenta. Es mi pequeño secreto para llegar bien a casa.
Después de que mi esposo falleció, el médico me dijo que mi presión estaba muy alta por el duelo. Equilibrio Interior me dio herramientas para procesar el dolor sin que mi corazón pagara el precio. Aprendí que llorar está bien, pero también aprendí a cultivar momentos de paz. Mis números mejoraron y, más importante, me siento capaz de seguir adelante. Mi esposo hubiera querido eso para mí.
Cuando salí del hospital después del infarto, pensé que mi vida como la conocía había terminado. Tenía 59 años y me sentía como de 90. En Renacer Cardíaco me tomaron de la mano, literalmente, y me ayudaron a caminar de nuevo. Paso a paso, sin prisa pero sin pausa. Ahora juego golf con mis amigos otra vez. No como antes, pero lo hago. Nunca pensé que volvería a decir eso.
Mis amigas me decían que me veía pálida, cansada, apagada. Yo lo atribuía a la edad, pensaba que así era envejecer. Después del programa Flujo Sereno, esas mismas amigas me preguntan qué me hice. La circulación era el problema, y ahora que fluye mejor, hasta el color de mi piel cambió. Volví a mis clases de pintura los sábados, que había dejado porque me agotaba estar parada frente al lienzo.
El estrés del trabajo me estaba matando, literalmente. Mi cardiólogo me dijo que mi corazón estaba sano pero funcionaba como si estuviera en peligro constante. Equilibrio Interior me enseñó a bajar las revoluciones. Las técnicas de respiración que aprendí las uso antes de cada junta importante. Mis colaboradores dicen que ahora soy otro jefe: más paciente, más claro, más humano. Y mi corazón late más tranquilo.
A mis 68 años pensé que ya no podía cambiar. Que mi cuerpo era así y ni modo. Pero en Raíz De Luna me demostraron lo contrario. Empecé sin poder caminar una cuadra sin descansar, y ahora hago mis tres kilómetros diarios por el malecón. Mis hijos vinieron de visita y no podían creer que yo los llevara a recorrer el centro histórico caminando. Les gané a los dos en resistencia.
Cada testimonio comenzó con una decisión: dar el primer paso. Agenda una consulta inicial y descubre cómo podemos acompañarte en tu camino hacia el bienestar cardiovascular.
Comenzar Mi Camino